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¡Hola!

Bienvenid@ a mi blog, donde escribo desde mi experiencia sobre maternidad.

¡Ojalá te guste!

A veces cuesta

A veces cuesta

¿Les ha pasado empezar el fin de semana con la pata izquierda?

Yo partí el viernes así. Llegué de la oficina y me agoté de sólo pensar en el fin de semana.

Hace tiempo que no me pasaba tener la sensación de no poder más. Me levanté cansada después de noches con muchas levantadas a ver a los niños. Seguimos durmiendo mal y quizá cuanto nos queda... ¿toda la vida?

Me desperté con ganas de que fueran las 8 de la noche para acostarlos y poder descansar. El sábado me costó vestirlos, jugar con ellos, y darles almuerzo.

Pucha que cuesta ser mamá a veces. 

Tuve ganas de mandarlos por el día a la casa de alguna abuela, o mejor aún, que salieran con el papá todo el día y yo me quedara echada viendo las 1000 series que tengo pendientes.

Pero después me arrepentí de pensarlo. Vi sus caritas sonrientes y no me quise despegar de ellos. Pero llegó la hora de dar comida y me costó de nuevo. José es pésimo para comer, cada almuerzo y comida es una batalla campal, y voy contando las cucharadas que come. Me agota y me estresa. En general estoy de buen ánimo, con ganas de dar la pelea, pero este fin de semana no tenía paciencia. ¿No quieres comer? OK, postre, una leche y a dormir. Me simplifiqué la vida. Y no me culpo por ello. Porque a veces cuesta.

Tomás está justo en la edad que está empezando a gatear, sentado solito se aburre y se queja, quiere brazos y se arrastra a mis pies. Hay que entretenerlo. Este fin de semana no le tuve paciencia. Estuvo mucho más rato con su papá, intenté de que durmiera más de lo común, y lo acosté más temprano que nunca. 

Hicimos un par de panoramas entretenidos y me los gocé. Cuando hay actividad es todo más fácil. Los niños se entretienen con solo mirar cosas diferentes, lugares que no conocen y gente dando vueltas. Tomás en la mochila colgado a mi está chocho. Y yo lo agarro a besos porque es delicioso. Él está feliz ahí, se acostumbró y es un agrado porque se entretiene. Y cuando se aburre se queda dormido feliz, en su lugar preferido del mundo. 

Nos fuimos temprano a la casa porque hacía mucho frío, y empezó de nuevo la lucha contra mi misma. Ganas de taparme con un chal y leer uno de los 10 libros que tengo esperando en mi velador, pero con la realidad de tener que sentarme a jugar a los legos, a los autitos y a los animales.

Me costó tanto este fin de semana.

Lo bueno es que me costó el fin de semana. Lo normal es que vivo feliz con mis niños, me los gozo en las buenas y en las malas, pero bueno, a veces colapsamos y nos cuesta la maternidad, y es bueno hablar de eso.

Por un futuro feliz

Por un futuro feliz

Mamá estresada

Mamá estresada