negra sin buda.jpg

¡Hola!

Bienvenid@ a mi blog, donde escribo desde mi experiencia sobre maternidad.

¡Ojalá te guste!

El momento perfecto

El momento perfecto

He reescrito esto por lo menos 3 veces. Espero que esta sea la definitiva.

Como les conté en este post, con Tomás los últimos meses fueron muy difíciles. De día todo bien, disfruté cada minuto dándole papa. Pero de noche del terror. Como relojito, se despertaba cada 1 hora sin exagerar. En todos sus desvelos yo le daba pechuga, con lo que lograba hacerlo dormir rápido. Eso significaba despertarme casi 10 veces cada noche para amamantarlo y mecerlo. Todas las mañanas me despertaba hecha pebre. Por razones obvias Tomás estaba durmiendo en nuestra pieza, y al tener el sueño tan liviano con Cristián evitábamos hacer cualquier ruido en la pieza y ¡hasta hablar!. Nos levantábamos agotados y malhumorados. Todo mal.

En ese contexto decidimos llevar a Tomás al neurólogo, pensando que podría tener un trastorno al sueño. Para ser sincera, era tanta mi angustia que quería que la doctora le diera unas gotitas milagrosas que lo hicieran pasar de largo. Obvio que no fue así. Cuando llegué le conté como era su día: siestas, almuerzo, y lactancia a demanda. Ella me preguntó hasta cuando pensaba darle pechuga. Lo sentí como una crítica y me cargó. Después me explicó sobre la higiene del sueño, y eso me hizo más sentido. Su "tratamiento" fue que tenía que cortarle la pechuga de noche, sacarlo de mi pieza y dejarlo llorar un poquito. Me transmitió que él ya está en una edad en que debería poder quedarse dormido solito cuando se despierta en la noche, que a esta edad las guaguas se despiertan hasta 12 veces, pero son capaces de conciliar el sueño. Tomás no. Según ella, y me hace sentido, es porque yo no lo he dejado. Cada vez que él hace un ruido, yo le pongo la pechuga. Y eso ha traído consecuencias.

Salí de la consulta bien confundida, sintiendo que estaba haciendo las cosas mal, pero muy segura de que seguir dándole pechuga era lo mejor para él. Le conté a una amiga, y ella le encontró la razón a la doctora. ¡Quedé plop! Pero la escuché y finalmente coincidí con las dos. Una guagua de 9 meses ya debería tener cierta independencia de su mamá, ya recibe alimentación complementaria y por ende debería poder alimentarse bien por pechuga, mamadera, cuchara, y lo que venga. Me di cuenta de que he sido demasiado "cómoda" en darle pechuga en todo momento, hasta cuando quizá necesita otra cosa. Por eso, me dije, llegó el momento de darle un espacio a él para que pueda desarrollar herramientas para ir creciendo y madurando tanto en el sueño como en la alimentación, un poco más independiente de mi. Me hizo sentido sobre todo porque despertarse cada 1 hora no es sano para él, no descansa como corresponde y obviamente sin mi ayuda en eso, la situación no iba a cambiar.

Lo conversamos con mi marido y decidimos que le íbamos a empezar a enseñar horarios y una rutina súper ordenada para que él pueda entender mejor el día a día. Y seguir insistiendo con la mamadera.

Nos fuimos a la playa el fin de semana de Semana Santa y entre todo el desorden que eso causa en las guaguas, obviamente no pude ponerle horarios y seguimos con la misma tónica, papa a cualquier hora y durmiendo conmigo como lapa. Llegué agotada el domingo, tanto que en la noche me dio fiebre de la nada. Somatizando.

El lunes no fui a trabajar por otros motivos, y en la mañana me puse a pensar en todo esto, y en el colapso que estaba generando. Puede sonar exagerado, pero de verdad que no dormir durante meses es catastrófico. Analicé la situación y reafirmé que ese ritmo no era sano para nadie en la familia, porque no descansamos, estamos todos más irritables, y definitivamente había que buscarle una solución al problema. Había que actuar.

Paralelo a todo eso, en enero con 6 amigas planificamos un viaje para el fin de semana que acaba de pasar. En marzo se me vino la fecha encima y decidí que no iba a ir porque Tomás estaba demasiado dependiente todavía, y no quería forzar las cosas. Estaba súper clara en no ir, y la verdad ni siquiera me importaba.

Ese mismo lunes en el que pensé todo lo que les conté, este viaje tomó otro sentido. Lo vi como el empujón que me faltaba para empezar el destete de Tomás. Por primera vez pensé en dejar de darle pechuga. Un proceso de a dos. Porque es difícil tanto para la mamá como para la guagua. ¡Miren todo el charquicán mental que significó para mi!

Pensé y pensé y me di cuenta de que pechuga a veces y mamadera a veces no nos resulta a ninguno de los dos. Por eso la decisión "drástica" de destetarlo al 100%. Lo pongo en comillas porque ya estaba sin pechuga desde las 8 am hasta las 3 de la tarde que llego a mi casa, y en las noches estábamos haciéndolo aguantar algunas horas, desde la visita a la neuróloga la semana ante pasada.

Lo conversé con Cristián y me encontró la razón. El hace tiempo me decía que creía que ya había llegado el momento de que tanto Tomás como yo, seamos más independientes, siempre diciéndome que era yo la que decidía. Entonces me atreví, y decidimos juntos y seguros que había llegado el momento. Por primera vez no me pareció una locura dejar de darle pechuga, y entendí que para nosotros la etapa ya estaba llegando a su fin. Porque siempre hay un momento para todo. Un momento único y diferente para cada persona, para cada familia. No hay un tiempo específico para nada. Cada uno tiene su ritmo, sus procesos. Y lo más heavy de todo, es que llega sin avisar. Yo nunca pensé que nos íbamos a destetar ahora. 

Aunque desde ese momento estuve segura de que era lo que quería hacer, también me acompañó una especie de nostalgia. Una pena. Un luto. Pero me convencí de que el hecho de destetarlo no cambiaría nuestra relación simbiótica.

Los resultados me han sorprendido. Tomás ha reaccionado increíble. ¡Se toma sus mamaderas perfecto! Los horarios se han ordenado mucho, y estamos durmiendo mejor. Todavía falta, pero por el momento mi guaguita me está demostrando que él también estaba preparado para separarse de mi pechuga. Y eso me tranquiliza tanto. No les miento, igual siento dudas y ganas de darle papa yo, pero me convenzo pensando en que esos sentimientos están presentes tanto en un destete a los 3 meses, a los 9 como Tomás o a los 2 años. Es un proceso complejo de "cortar" un vínculo muy simbólico y afectivo, pero Tomás me está demostrando que seguimos igual de bien, igual de apegados, que él esta feliz y me necesita a mi como mamá, no sólo mi pechuga.

Lo que más me llama la atención de todo lo que les cuento, es que de estar complicadísima porque Tomás no tomaba ninguna mamadera, de haber comprado por lo menos 10 marcas diferentes, de haber leído todos los blogs de lactancia habídos y por haber, me di cuenta de que cuando uno no hace las cosas segura, no resulta. Bastó que me decidiera al cien por ciento para que Tomás se adaptara. ¡Y resultó!

Pensé que nunca lo lograría. 

Ahora estoy con el tema de que se me corte la leche, porque mis pechugas están que explotan. Me he estado sacando leche desde que le dejé de dar, cada vez menos, para ir bajando la producción de a poco. Todavía tengo, pero cada vez menos, y mis pechugas lentamente se están convirtiendo en dos papeles colgando. ¡Espero que en algún momento vuelvan a la normalidad!

Otra cosa que me ha encantado de este proceso, es que Cristián ha podido conectarse mucho más con Tomás. Ahora le da su mamadera, lo hace dormir y así lo ha conocido mucho más y se ha empoderado como su papá. Ha sido bacán, y eso también permitió que me fuera a mi viaje con amigas súper tranquila. Fue la primera vez que me separé de mis pollos... ¡ese tema da para otro post!.

Sigo pensando en que si no hubiéramos tenido tan mal dormir, hubiera seguido dándole papa. Pero no pude, y no me juzgo por eso. Estoy feliz dándole mamadera, tengo mucha más libertad que antes y sigo regaloneando a Tomás cuando quiero.

¿Cómo fue su experiencia con el destete?

 

Temporada de bichos

Temporada de bichos

Dulces sueños

Dulces sueños