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¡Ojalá te guste!

Monólogo sobre la lactancia

Monólogo sobre la lactancia

No podía no escribir un post sobre esto. Es un temón.

Justamente ahora estoy pasando por un momento bien complicado con Tomás. Llevo 8,5 meses dándole pechuga a demanda. Entré a trabajar la semana pasada y fue un parto lograr que tomara mamadera. Hoy está tomando, pero muy poco. Prefiere esperarme a que llegue de la oficina. La consecuencia que tuvo esto es que todo lo que no toma de día me lo pide de noche, y se está despertando hasta 8 veces. Se podrán imaginar las ojeras que tengo.

Lo peor de todo esto es que llegó marzo, y además de la vuelta a la pega, la agenda se llenó con compromisos como matrimonios de amigos, conciertos, cumpleaños, etcétera, y me enfrento a otro problema: ¡quiero salir!

Tomás logró tomar mamadera para alimentarse, pero aún necesita la pechuga para relajarse, y eso me impide tener libertad de noche, porque es cuando más me necesita, y cuando yo más añoro mi independencia. ¿Qué hago? Hasta me he planteado cortarme la leche y no darle más. ¡Pero no quiero! me encanta darle pechuga, pero estoy aburrida de lo esclavizante que es. 

He tratado de investigar en internet, en foros, pedirle consejo a otras amigas y hasta al pediatra, pero nuevamente me queda claro de que con las guaguas no hay formulas milagrosas. Cada una es un mundo diferente, y no hay manera de que lo que le funcionó a una mamá le funcione a otra. Es más, muchas veces lo que le funcionó a una mamá con una guagua, no le funciona con su segunda guagua. Como a mi.

Con José me costó mucho el tema pechuga. Nunca se acopló bien, usé pezonera mucho tiempo. A veces pasaba horas chupando, y otras no duraba ni 15 segundos. Nunca me sentí confiada de que se estaba alimentando bien, siempre estuve frustrada porque no pasaba las 3 horas, y de noche era terrible. Todo el mundo, incluido el pediatra, me decían que tenía que ponerle horarios y que probablemente quedaba con hambre.  Todo eso se tradujo en inseguridad y así es como a los 4 meses deserté y empecé a darle fórmula. Fui feliz dando pura mamadera. Tenía los horarios súper marcados, se lo podía dejar a alguien sin problemas y de noche dormía cada vez mejor. Eso sí, gastaba mucha plata en la famosa leche.

Con Tomás, en cambio, desde el minuto uno me entregué. Ya tenía una primera experiencia llena de presiones y desilusiones, por lo que decidí liberarme de todo eso.  Derribé todos los prejuicios que tenía y me entregué a la lactancia como viniera.

Así es como hoy con 8,5 meses le sigo dando papa a Tomás "libre demanda" (así le dicen, pero en mi opinión es la única forma de hacerlo de manera exitosa). Básicamente eso consiste en estar 24/7 con la pechuga afuera, dar papa cada vez que la guagua lo pida, sin mirar el reloj. Tengo un tuto en mi cartera y cuando le da hambre, me pongo el tuto. No me importa si estoy en mi casa, en el ascensor, conversando con el jardinero de la plaza, o en un funeral. No me complico con el tema, mi pechuga es pública, como le digo a todos cuando me miran con cara de "tápate". 

Me atrevería a decir que recién ahora se me está poniendo más difícil, pero hasta un par de semanas, iba como avión. Creo que he logrado una lactancia exitosa, y por eso me gustaría derribar algunos mitos. 

Me impresiona la poca información que hay al respecto, y lo idealizada que esta la lactancia materna. Uno de verdad cree que va a dar pechuga 15 minutos por lado, cada 4 horas, y listo. ¡No es así! Ojalá todas sepamos, y sobretodo los profesionales del área (pediatras, matronas, ginecólogas...) estuvieran más y mejor informados, y nos contaran como es de verdad. 

Cuando uno quiere tener una lactancia materna existosa, en mi opinión y basada en mi experiencia, creo que es importante tener claras las siguientes cuestiones. Lo demás, que venga como tenga que venir.

1.- Para dar pechuga hay que olvidarse de los horarios. La guagua tiene hambre muchas veces al día.  No importa si toma mucho o poco, no hay que dar de los dos lados siempre, no importa si dura 1 o 4 horas. Lo importante es darle cuando quiera, y obvio, estar seguros de que está subiendo de peso como corresponde. 

2.- La pechuga no es sólo alimentación, sino también contención, seguridad, y mil cosas más. Yo me pongo a Tomás en la pechuga cuando tiene hambre, cuando está inquieto, cuando alega, cuando tiene sueño, cuando no se que le pasa, y SIEMPRE funciona. Lo más importante de este punto es que está bien hacerlo. Que no te digan que te esta usando de chupete, que se esta aprovechando de ti, y más o menos que te está manipulando.

3.- No se puede tener una lactancia exitosa, y tener verguenza de dar papa en lugares públicos. Hay que liberarse, y dar papa donde sea necesario. No pasa nada. Nadie te va a decir "teta de estropajo" como ese viejo ignorante del mall de Curicó (o no se donde). Y si te dicen algo, que no te importe, lo natural siempre es lo correcto.

Con todo esto, no quiero demonizar la leche de formula, sino tratar de liberar a las mamás que QUIERAN dar pechuga, y también a las que no, porque como siempre digo: "Mamá feliz, guagua feliz".  Esa es la clave, haz lo que te funciona a ti, eso es lo mejor para tu guagua.

¡Cuenten su experiencia con la lactancia!

Gracias por leer :)

 

Maternidad de revista

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